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28-ene-2010

Flujo de remesas a Haití se ha mantenido firme

El terremoto obligó a los bancos a cerrar sus puertas, pero el dinero que los haitianos reciben de sus familiares en el extranjero siguió llegando

Lucy Conger (*)

Los millones de haitianos que se quedaron sin hogar la tarde del 12 de enero, descubrieron al día siguiente que también se habían quedado sin dinero. Solo necesitaban lo suficiente para comprar agua, comida y un trozo de plástico para dormir, pero los bancos no pudieron abrir sus ventanillas de atención al público a causa del terremoto.

Algunos bancos todavía siguen cerrados, pero la principal microfinanciera para los pobres de Haití, Fonkoze, fue capaz de atender clientes en la mayoría de sus 42 sucursales al tercer día del terremoto y pagar remesas mientras los bancos tradicionales seguían cerrados.

La historia de cómo Fonkoze logró traer efectivos a los damnificados incluye el transporte de efectivo en aviones militares, contactos a toda hora con altos funcionarios norteamericanos y un plan que si fallaba podría dejar a miles de desesperados haitianos sin efectivo.

Para garantizar el flujo de dinero cuando sus recursos ya se agotaban, Fonkoze contó con el apoyo financiero, logístico y de gestión del FOMIN –el Fondo Multilateral de Inversiones del Grupo BID—y el gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento de Estado, el Departamento del Tesoro y sus Fuerzas Armadas. La acción de todas esas instituciones permitió llevar fondos a 34 pueblos remotos de Haití para que Fonkoze, el tercer mayor operador de remesas de Haití, pudiese garantizar el pago de remesas a los pobres.

La rápida reacción de Fonkoze tuvo una importancia capital pues las remesas son centrales para la vida haitiana. El dinero que los haitianos residentes en el extranjero envían anualmente a sus familias equivale al 26% del PIB del país, unos US$ 1.500 millones, según cifras del FOMIN. Las remesas, provenientes en su mayoría de haitianos que trabajan en Estados Unidos, representan ingresos regulares para más de un millón de personas —un tercio de los adultos del país— que ganan menos de US$ 500 al año.

Esos fondos se han vuelto aun más relevantes con el terremoto, porque los envíos se han multiplicado a fin de ayudar a los damnificados. La intermediación de remesas que hace Fonkoze, por otro lado, tiene una relevancia especial pues sus servicios llegan a los habitantes del campo.

“La industria microfinanciera de Haití sirve a personas de muy bajos ingresos y está presente en áreas del país donde la banca tradicional no llega” dice Julie T. Katzman, gerente general de FOMIN. “Con numerosas personas migrando hacia a las provincias, Fonkoze, la única organización microfinanciera que ha seguido pagando remesas, tendrá un papel central en dar acceso a dinero a numerosas familias haitianas para que puedan comprar agua, alimento y refugio”.

Antes del fin del mundo

Hasta el 11 de enero, Fonkoze era una microfinanciera en pleno crecimiento. Administraba 200.000 cuentas de ahorro y hacía unos 60.000 pagos de remesas al mes. Es la mayor agente de pago de la estadounidense MoneyGram en Haití: en 2009, hizo entrega a familias haitianas de US$ 55 millones en envíos de dinero de haitianos residentes en el exterior.

Por varios años, Fonkoze ha estado trabajando con FOMIN para expandir esos servicios. El FOMIN dio a Fonkoze donaciones para crear un servicio de envío de remesas con una comisión muy baja—US$ 6 por transacción, sin importar el monto enviado—, abrir nuevas sucursales e implementar tecnología para facilitar las transacciones. La implementación de tarjetas de débito pre-pagadas, también financiada con recursos del FOMIN, le permitieron crear fuertes lazos con la diáspora haitiana en Estados Unidos.

“Numerosos receptores de remesas viven fuera de las principales ciudades de Haití donde hay bancos, por lo que siempre nos resultó importante apoyar a instituciones como Fonkoze, capaces de atender con servicios de bajo costo áreas rurales que no son servidas por operadores tradicionales de gran tamaño”, dice Gregory Watson, especialista en remesas del FOMIN. “Si realmente quieres entregar remesas a las mayorías, las redes rurales son increíblemente importantes, porque eliminas el costo de oportunidad de un largo viaje a la ciudad a recoger el dinero”.

Pero entonces llegó el 12 de enero de 2010 y el mundo se volvió negro.

Reconstruyendo la red

La sede de Fonkoze en Puerto Príncipe fue virtualmente destruida por el terremoto. Tres días después, algunas de sus nueve filiales en el campo, que no habían sido golpeadas por el sismo, reabrieron sus puertas para ofrecer algunos servicios. Tenían poco dinero en caja, porque los bancos que diariamente proveen fondos a Fonkoze estaban cerrados.

Para el cuarto día después del terremoto, la mayoría de sus sucursales tenía acceso a internet y podía pagar las remesas enviadas a través de MoneyGram, CAM y otras empresas de transferencia. Al sexto día, casi 30 filiales operaban ya con el Citi National Bank of New Jersey y Fonkoze había sido informada por las empresas de transferencia que cortarían todas sus tarifas para que los haitianos en el extranjero pudieran enviar dinero más fácilmente.

Esas eran buenas noticias, pero también trajeron sus propios problemas. “Todos querían dinero, por lo que, día tras día, el monto de efectivo en nuestras manos se iba reduciendo más y más”, dice Anne Hastings, la directora ejecutiva de Fonkoze, que escapó indemne del edificio principal junto al fundador de la financiera y sus ejecutivos.

Fonkoze debió estrujar sus reservas al límite. Los pagos a tiempo de los clientes de áreas rurales no impactadas por el terremoto ayudaron a preservar la liquidez de las filiales. El pago de remesas, sin embargo, siguió haciéndose más difícil con cada día que pasaba, pues los bancos seguían cerrados a diez días del terremoto.

Fonkoze tomó medidas urgentes. Una decisión extraordinaria fue abrir cuentas nuevas en gurdas (gourdes, la moneda haitiana), para pagar parte de las remesas. Muchos de los que recibían remesas superiores a US$ 600 aceptaron recibir una porción en efectivo y el resto como un depósito a cuenta. Para entonces, toda la red no tenía más de US$ 40.000 en reservas y efectivo. Fonkoze debía buscar dinero fuera del país con urgencia.

Comienza la operación de rescate

El 19 de enero, Anne Hastings contactó a Gregory Watson para comentar las urgencias de Fonkoze. El FOMIN había invertido con anterioridad en la infraestructura para las transferencias de dinero y enfrentaba una prueba inimaginable. Hasti y Watson debatieron dos ideas: cómo transferir velozmente fondos de emergencia por US$ 2 millones a un banco asociado y cómo llevar luego ese dinero a Haití.

Watson consultó con Katzman, la gerente general del FOMIN, y en una conferencia telefónica de 90 minutos, ambos acordaron un plan con Hastings. “Viendo las dificultades que Fonkoze, y todo el sector microfinanciero, atravesaban en términos de disponibilidad de efectivo, sentimos la necesidad de ayudar a encontrar una solución”, dice Katzman,

Dado que el gobierno de Estados Unidos es el principal contribuyente de recursos al BID, el FOMIN se propuso convencer al Departamento del Tesoro de la urgencia y necesidad de apoyar un plan para transferir los recursos a la isla del Caribe.

El dinero inicial debía permitir mantener la liquidez hasta que los bancos reabrieran sus puertas en Haití. Hastings, Katzman y Watson determinaron además que ese dinero debía ser distribuido en 10 centros que a su vez enviarían los recursos a las 34 oficinas del interior que Fonkoze ya había logrado volver operativas.

El viernes 22, a las 4.52 pm, a poco menos de tres días de las primeras gestiones, la operación logística para salvar el envío de remesas tuvo su puntada final en una nota de la Organización de Naciones Unidas a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, su sigla en inglés) que dio la aprobación para que la Fuerza Aérea estadounidense transportase el dinero a Haití desde el sur de la Florida. “Los militares fueron increíbles: eficientes, comprometidos y, además de todo, corteses”, dice Hastings.

El sábado 23, a las 2.00 am, un C-17 aterrizó en el aeropuerto de Port-au-Prince con la carga: sacos con billetes de US$ 1, US$ 5 y US$ 10, todo dinero de baja denominación, de uso inmediato. Hastings ya había coordinado con los gerentes de sus 10 centros de distribución para que estuvieran listos para distribuir el dinero a primera hora. Los ejecutivos de las demás sucursales fueron informados de dónde debían recoger sus fondos.

A las 6.30 am, diez helicópteros custodiados por marines alzaron vuelo de la base de Port-au-Prince hacia sus destinos. Para el mediodía, todos los centros de distribución de Fonkoze tenían el dinero y operaban a pleno mientras los demás bancos haitianos recién volvían a abrir sus puertas con estrictos límites de liquidez fijados por el Banco Central, que sólo permitía retirar US$ 2.500 y $ 2.500 gourdes por día y por institución.

Tras el terremoto, los oficiales de Fonkoze han estimado que la base de clientes del banco se ha expandido y que las entregas de remesas pronto se duplicarán. Para Katzman, del FOMIN, el logro es todavía mayor. “Este fue un fantástico ejemplo de lo que podemos hacer cuando trabajan juntos donantes, microfinancieras, gobiernos e instituciones internacionales”, dice. “Para nosotros, como FOMIN, el orgullo es doble pues nos hemos visto involucrados en el proceso desde el mismo comienzo, aportando nuestro conocimiento, nuestros recursos y acercando a los actores para ejecutar el plan”.


(*) Con Diego Fonseca, en Washington, DC.

Entrevista

Gregory Watson
Especialista en Remesas del FOMIN
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Más Información

Gregory Watson
Especialista en Remesas del FOMN
gregoryw@iadb.org  

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