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Artículos

04-jun-2007

Niños, evolución y calidad de vida

Algunas cosas se miden más fácilmente que otras. Por ejemplo, podemos saber rápidamente el peso y tamaño de una persona porque tenemos herramientas precisas para medirlas. Pero ¿Cómo podemos medir cualidades más indefinidas de una persona, como su calidad de vida?

Expertos en economía, salud, ciencias sociales y nutrición reunidos recientemente en la sede del BID, analizaron la evidencia sobre evolución humana y potencial del desarrollo con el propósito de explorar nuevas formas de medir las dimensiones de salud en la calidad de vida.

“La evidencia empírica muestra mayores mejoras en el estado de salud físico –más años de vida y mejores capacidades cognoscitivas, emocionales y físicas— en varios países mundialmente, incluyendo América Latina y el Caribe. Esto sugiere que las mejoras en capacidades humanas están relacionadas a cambios sinérgicos en nutrición, psicología humana, progreso tecnológico y un ambiente social más sano,” según Eduardo Lora, economista principal del BID.

Dadas estas asociaciones, el BID y la Organización Panamericana de  la Salud están trabajando hacia el desarrollo de índices basados en biología para medir el potencial del desarrollo humano, además de identificar las brechas en el potencial del desarrollo entre diferentes grupos de la población, para así evaluar la calidad de vida de la población.

Evolución tecnofisio

Robert Foger, catedrático de la Universidad de Chicago y ganador del premio Nóbel, presentó durante el seminario su estudio “Nutrición, capital fisiológico y crecimiento económico”, en el cual introduce el término “evolución tecnofisio” para abarcar la sinergia entre los avances tecnológicos y mejoras fisiológicas en la evaluación humana. A diferencia del tradicional concepto biológico de la evolución, la evolución tecnofisio de Fogel es “biológica pero no genética, rápida, transmitida culturalmente y no necesariamente estable”.

Fogel subraya que en los últimos tres centenarios, el cuerpo humano promedio ha crecido en tamaño más del 50 por ciento y la esperanza de vida ha aumentado más del 100 por ciento. “Hasta nuestros órganos internos son más fuertes y mejor formados de lo que fueron hace unos 200 años atrás”, dijo Fogel.

A diferencia de la teoría de la evolución de Darwin, que se basa en la selección natural y cambios genéticos y requiere de miles de años para ocurrir, esta evolución humana ha sucedido rápidamente y no ha involucrado avances genéticos, sostuvieron Fogel y su colega Dora Costa. En lugar de ello, el nuevo bienestar fisiológico de los humanos se ha elevado gracias a mejoras sociales y mejor infraestructura; la red sinérgica de factores como tecnologías para facilitar el trabajo, mejores cuidados médicos y salud pública, nutrición adecuada, mejor salud, ciudades más limpias y suministros de agua salubre.

Alta calidad de vida ligada al cuidado en la infancia temprana.

En el curso de su investigación, Fogel ha revisado tanto las disparidades en salud como sus causas. Su conclusión, y la de varios investigadores sociales, de salud y nutrición, es que la capacidad productiva humana y la salud duradera dependen fuertemente de la calidad del cuidado recibido en la infancia temprana, empezando en el vientre.

“Ahora hay un estudio de la Universidad de Chicago que muestra una clara conexión entre el cuidado prenatal y la salud, inclusive por varios generaciones”, dijo Fogel. “El estudio toma en cuenta a mujeres que nacieron o estuvieron en gestación durante la hambruna holandesa de 1944. Puede no ser demasiado sorprendente que sus madres experimentaran índices de mortalidad prenatales altos durante e inmediatamente después de la hambruna. Pero lo que es más sorprendente es que como grupo, las mujeres que sobrevivieron el hambre en su niñez, fueron bien alimentadas posteriormente y crecieron para convertirse en adultos supuestamente sanos, más tarde ellas mismas sufrieron de índices de mortalidad prenatales excepcionalmente altos cuando comenzaron a tener hijos. Además, este grupo también sufre más del promedio de enfermedades coronarias, ahora que están en la mitad de sus años 50”.

La malnutrición empieza en el útero, concuerda Reynaldo Matorell, catedrático de nutrición en la Universidad Emory y coautor de docenas de estudios sobre nutrición y crecimiento prenatal e infantil. “Estudio tras estudio muestra que la nutrición, el cuidado del niño y la estimulación temprana (de 0 a 2 años) afecta directamente las conexiones del cerebro, y éste tiene un efecto decisivo y permanente sobre la capacidad de aprendizaje, comportamiento y la habilidad de regular las emociones a lo largo de la infancia”.

En dicha evidencia está implícita la alta probabilidad de que un niño con reducida capacidad de aprendizaje, quien tiene dificultad con su autocontrol conductual y emocional, probablemente no alcanzará completamente su potencial productivo cuando sea adulto. Cuando un gran número de niños no recibe la alimentación adecuada durante sus primeros años de vida –como es el caso en muchos poblaciones de América Latina y el Caribe—los efectos pueden verse en los resultados económicos de los países.

“Las intervenciones nutricionales durante los primeros años de vida no son solamente una cuestión de bienestar o derechos humanos, sino que son inversiones económicas que generan crecimiento económico a largo plazo”, explicó Martorell. El experto hizo referencia a su investigación en Guatemala, en donde por más de 25 años él y sus colegas evaluaron dos grupos de niños: un grupo recibió una alimentación mejorada antes de los 3 años de edad, mientras que el otro grupo no recibió tal beneficio. Los resultados durante la madurez muestran que los individuos en el primer grupo ganaban 34 a 47 por ciento más que aquellos otros en el grupo de control.

Por lo general, los expertos concuerdan que si ellos tienen que escoger una medio fiable para medir el estado nutricional y el desarrollo a edad temprana, ellos medirían el tamaño de cuerpo. La catedrática Sally Grantham-McGregor de University College of London sostuvo que “más de 28 estudios muestran evidencia de asociaciones transversales entre el crecimiento insuficiente (enanismo nutricional) y el logro escolar; por lo tanto, es razonable el uso del crecimiento insuficente como indicador del desarrollo infantil pobre.

Grantham-McGregor es conocido internacionalmente por su investigación en desarrollo infantil. Uno de sus estudios sobre niños jamaiquinos con enanismo nutricional antes de los 2 años de edad, muestran que la edad la mayoría de ellos a la edad de 17 años aun sufren de deficiencias substancial en varias áreas asociadas con el éxito productivo y laboral, entre ellas sus coeficientes intelectuales y menos capacidades en términos de vocabulario, niveles de logro escolar, destrezas sicomotrices, así como también niveles ascendentes de depresión, ansiedad e hiperactividad y lapsos de atención y autoestima pobres.

La catedrática estima que los niños con enanismo nutricional y/o condiciones de pobreza extrema (cuyas familias tienen un ingreso menor a un dólar diario) perderán un promedio de 20 por ciento de sus ingresos anuales en la madurez debido a deficiencias de aprendizaje, a diferencia de lo que podrían ganar si no hubiesen sido mal alimentados o recibido una atención inapropiada en la infancia precoz.

“La pérdida del potencial de los niños es un problema grande que afecta a más de 200 millones de niños mundialmente, 20 por ciento de ellos en América Latina” indicó Grantham-McGregor. “Esto tiene costos económicos y sociales para ambos individuos y naciones”.

El taller sobre salud, potencial del desarrollo humano y calidad de vida fue uno de una serie de seminarios enfocados a desarrollar un esquema para la publicación distintiva que produce el BID anualmente, el Informe de Progreso Económico y Social. La edición de 2009 será dedicada a evaluar la calidad de vida a lo largo del tiempo y países en América Latina y el Caribe, haciendo referencia a varias dimensiones, entre ellas la salud humana.

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