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01-ago-2004

El renacimiento de Quito

Un innovador programa reubica a comerciantes informales y consolida la transformación de uno de los centros históricos más bellos del hemisferio

Por Paul Constance, Quito, Ecuador

¿Adónde se fueron los comerciantes informales?

Los ecuatorianos que deambulan estos días por el centro histórico de su capital a veces se tienen que frotar los ojos. Calles que durante décadas estaban abarrotadas de puestos al aire libre vendiendo desde comida y ropa hasta hierbas medicinales y partes para vehículos, están ahora abiertas, limpias y accesibles a los peatones.

Pero los comerciantes no han desaparecido. Sencillamente se han mudado a uno de ocho complejos comerciales nuevos, con múltiples pisos, que se encuentran a pocos pasos de los antiguos puestos en la calle. Los complejos ofrecen pasillos bien iluminados por los que el público puede pasear y ver cientos de tiendas, y cada edificio cuenta también con restaurantes, baños limpios y guardas de seguridad.

La reubicación de unos 6,000 comerciantes informales en 2003 ha sido el logro más visible y anticipado de un programa de renovación urbana que ha transformado el centro histórico de Quito en la última década.

Muchos quiteños pensaban que estas calles jamás se despejarían. A lo largo de unos 40 años, los comerciantes informales se habían convertido en la fuente preferida de productos a bajos precios para las familias trabajadoras de Quito. Los comerciantes se habían organizado a través de varias docenas de asociaciones que controlaban el acceso al valioso espacio en las aceras a lo largo de las calles angostas y adoquinadas del centro histórico. Las asociaciones protegían celosamente sus respectivos territorios, y durante años se opusieron a cualquier plan de reubicación.

Sin embargo, muchos quiteños reconocían que la situación perjudicaba a la ciudad. Los puestos convertían a muchas calles y cruces en lugares intransitables para el tráfico durante el día, creando atascos que llevaban a muchos quiteños a evitar el distrito histórico a toda costa. Los comerciantes además producían montañas de basura que luego se tenía que barrer al caer la noche.

Las zonas en las que trabajaban los comerciantes adquirieron una reputación de peligrosas. Pandillas de carteristas mantenían en alerta tanto a comerciantes como al público. Algunas de las asociaciones de comerciantes, que carecían de regulación, estaban controladas por grupos corruptos que cobraban hasta 12.000 dólares por el derecho a establecer un puesto. Prestamistas usureros abusaban de comerciantes que no podían producir esas cantidades de dinero. Todo esto resultaba un obstáculo para el desarrollo económico del centro.

Los mismos comerciantes sufrían varios inconvenientes. Además del crimen y de los cobros ilegales, tenían que soportar el clima lluvioso y a menudo frío de Quito en sus puestos a la intemperie. Y al final del día, cada vendedor se veía obligado a empacar su mercancía y transportarla hasta un sitio seguro.

“Yo casi me arruiné la espalda llevando cosas de un lado a otro,” se lamenta César Jiménez, que vendió diversos productos en las calles de Quito durante 30 años, antes de mudarse al Centro Comercial Hermano Miguel. Este complejo es el más grande de todos los de nueva creación, cuenta con 1.596 puestos y está conectado con otro complejo que tiene a su vez más de 1.000 puestos. Cada uno de ellos está completamente encerrado, bien iluminado y cuanta con una vitrina y escaparates.

“El complejo es limpio, menos frío y más seguro que las calles”, comenta Jiménez. “No nos tenemos que preocupar por los ladrones y tampoco tenemos que cargar las mercancías cada noche”. Lo único que lamenta, agrega Jiménez, es que algunos de sus antiguos clientes no han logrado encontrar su puesto de venta dentro del laberíntico complejo.

Elegantes balcones embellecen edificios del centro histórico.

Renacimiento urbano. El programa para la reubicación de los comerciantes informales fue la iniciativa más ambiciosa emprendida por la Empresa del Centro Histórico de Quito (ECH), una institución autónoma que fue creada en 1994 con el fin de preservar el singular legado arquitectónico y cultural de la ciudad y fomentar el desarrollo socioeconómico del centro.

En 1978, Naciones Unidas designó el centro de Quito como Patrimonio de la Humanidad, resaltando su extraordinaria colección de iglesias, monasterios, ornamentados edificios públicos y residenciales del siglo XIX, y plazas centenarias. Pero este reconocimiento no bastó para frenar el deterioro iniciado a mediados del siglo XX, cuando el crecimiento de la población y el desarrollo de los suburbios desplazó a las familias acomodadas de Quito hacia barrios residenciales más espaciosos en las afueras de la ciudad. Muchos de los edificios más atractivos fueron transformados en viviendas de alquileres modestos o simplemente se abandonaron y fueron ocupados ilegalmente. El comercio tradicional se trasladó a los nuevos barrios y su lugar fue ocupado paulatinamente por los comerciantes informales.

En 1980, el centro histórico de Quito había llegado a ser sinónimo de violencia, suciedad, congestión y edificios en ruina. Varios gobiernos municipales intentaron detener el deterioro por medio de leyes y regulaciones, pero estas tuvieron poco impacto. A comienzos de los años noventa, todos coincidían en la necesidad de dar un nuevo enfoque en el que autoridades municipales, inversores privados, residentes locales y comerciantes se unieran para mejorar el centro histórico a beneficio de todos.

El resultado fue la creación de la ECH, financiada parcialmente con una préstamo de 41 millones de dólares del BID. Como empresa semi-autónoma, la ECH maneja sus propios fondos y está autorizada a realizar inversiones y desarrollar asociaciones de negocios con el sector privado. Esto le ha dado la flexibilidad necesaria para emprender un número extraordinario de proyectos e inversiones destinados a convertir el centro histórico en un destino atractivo para residentes, empresas y turistas (para conocer más sobre el trabajo de la ECH, vea enlace a la derecha para el Suplemento Especial “Vida nueva para ciudades antiguas”).

En lugar de desalojar a los asentadores ilegales de los viejos edificios, por ejemplo, la ECH les ofreció hipotecas subvencionadas para que pudieran adquirir un apartamento en el mismo edificio, una vez que hubiera sido renovado en su totalidad. Utilizando este mecanismo, ECH ha logrado devolver su antiguo esplendor a 14 preciosos edificios residenciales de comienzos del siglo XX, al tiempo que se creaban 300 apartamentos modernos cuyos residentes hoy son propietarios de ingresos bajos o medios.

La ECH ha considerado prioritaria la creación de nuevos espacios para celebrar la rica herencia histórica de Quito y su dinámica vida cultural. Uno de sus proyectos visualmente más impresionantes consistió en convertir las ruinas del Hospital San Juan de Dios en el bello Museo de la Ciudad. Más recientemente, un grupo de antiguos edificios universitarios y públicos se convirtieron en el Centro Cultural Metropolitano, con espacios para actividades culturales, galerías de arte, una biblioteca pública moderna, talleres y un restaurante.

Para fortalecer el papel del centro histórico como destino turístico, la ECH ha invertido en la restauración de dos hoteles, ha creado cinco restaurantes de lujo y ha construido cuatro centros comerciales de lujo dentro de edificios históricos. En cada uno de estos casos, se han restaurado con esmero los detalles decorativos y arquitectónicos de los edificios originales para resaltar el singular ambiente del centro histórico.

La ECH también ha enfrentado los graves problemas de infraestructura que aquejan al distrito histórico. Sus contratistas han construido 55.000 metros cuadrados de nuevas aceras que ayudan a mejorar la seguridad y acceso de los peatones. La famosa escasez de plazas de aparcamiento en el centro de la ciudad se ha visto aliviada con la construcción de seis nuevos garajes de varias plantas. En su trabajo con el municipio, ECH ha ayudado en la instalación de nuevos semáforos y ha planificado rutas para el nuevo sistema de autobuses articulados que ha ayudado a disminuir la congestión y la contaminación. Se han quitado carteles comerciales antiestéticos y los cables eléctricos se han reubicado bajo el suelo.

Negociación delicada. Pero el tema de los comerciantes informales era, con mucho, la tarea más complicada que enfrentaba la ECH. Según Gustavo Noboa, ingeniero de la ECH que trabajó de cerca en el tema, se requirieron años de negociaciones con las asociaciones de comerciantes—además del sólido compromiso del alcalde de Quito, Paco Moncayo Gallegos—para lograr la construcción de los nuevos centros comerciales y la reubicación de los comerciantes. A pesar de que la mayoría de los comerciantes se opusieron al cambio, la municipalidad y los funcionarios de la ECH escucharon sus preocupaciones y encontraron maneras para construir la mayor parte de los nuevos complejos comerciales a escasa distancia de los lugares de venta anteriores (en lugar de forzar a los comerciantes a desplazarse a nuevos barrios). Al fin, lo que podía haber degenerado en un enfrentamiento desagradable se resolvió de forma tranquila sin graves problemas.

El impacto sobre el distrito histórico se está comenzado a sentir. Un ejemplo impresionante se puede observar frente a la Iglesia de la Merced, que data del siglo XVI y está situada en el cruce de las calles Chile y Cuenca. Hace dos años, este cruce estaba tan congestionado con puestos entoldados de comerciantes que era prácticamente imposible ver la puerta de entrada de la iglesia. Hoy los comerciantes han sido trasladados al nuevo Centro Comercial Granada, en la esquina que enfrenta la iglesia. Como consecuencia de ésto, el magnífico portal en piedra de la iglesia de la Merced es de nuevo visible, se ha recuperado para los peatones una plaza soleada frente a la iglesia y más compradores que nunca pueden ir en busca de oportunidades.

El efecto acumulado de los complejos comerciales ha sido la creación de bulevares atractivos a la medida del peatón, lo cual facilita el desplazamiento entre museos, catedrales, restaurantes y tiendas. A pesar de que el centro histórico de Quito todavía no ha alcanzado el volumen crítico de inversión comercial y residencial necesario para financiar su conservación a largo plazo, ese objetivo está hoy ya a la vista. Y el BID sigue apoyando el esfuerz a pedido del gobierno ecuatoriano, el Banco está preparando un nuevo préstamo para apoyar la segunda etapa de las actividades de la ECH, está vez con el fin de consolidar las inversiones existentes y garantizar su autosuficiencia económica.

 

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