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11-oct-2002

La situación económica de América Latina y el papel del BID

Palabras del Presidente Enrique V. Iglesias en una conferencia de prensa llevada a cabo en la sede del BID en Washington, D.C.

América Latina está ingresando a uno de sus períodos más difíciles en varios decenios. Los riesgos que se vislumbran no son meramente la recesión y el desempleo, sino el de un desvío del largo y arduo proceso de estabilización macroeconómica y reforma estructural de la pasada década que, si bien inconcluso e insatisfactorio en sus dividendos sociales, ha rendido beneficios importantes como la estabilidad de los precios, el aumento de las inversiones privadas y el mayor crecimiento con respecto a la década precedente.

A diferencia de crisis anteriores, la que se cierne sobre toda la región en este momento no es el resultado de la mala administración de sus respectivas políticas por parte de los países, sino que, en gran medida, obedece a circunstancias externas sumamente adversas. Desde mediados de 1997, América Latina ha padecido una sucesión de graves conmociones externas. Los precios de los productos básicos no petroleros son hoy día 26% más bajos que hace cuatro años y se percibe nítidamente una tendencia a que continúen su caída.

Simultáneamente, es cada vez más costoso y de difícil obtención el financiamiento externo necesario para sobrellevar la disminución de los ingresos por concepto de exportaciones. Las primas de riesgo de las tasas de intereses para los países latinoamericanos, que al momento del estallido de la crisis asiática de 1997 ascendían a 260 centésimos de punto porcentual, llegaron a 900 en el trimestre en curso por encima de la tasa de interés de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

El enorme aumento de los costos del dinero ha guardado relación con una considerable merma de la afluencia de capitales hacia la región. Las corrientes encauzadas a las siete economías más grandes de la región (que configuran el 90% del PIB de ésta y reciben una proporción aún mayor de la financiación externa) disminuyeron de US$100.000 millones de dólares entre mediados de 1997 y mediados de 1998, a US$50.000 millones durante el período de 12 meses que finalizó en marzo de 2001. Las inversiones de cartera virtualmente han desaparecid durante el mismo período, pasaron de US$49.000 millones a su nivel actual de apenas US$1.000 millones. Incluso las inversiones extranjeras directas, que habían superado con firmeza las secuelas de la crisis rusa, han comenzado a enlentecerse y retroceder, desde US$72.000 millones entre septiembre de 1998 y septiembre de 1999 al nivel actual de US$57.000 millones.

La merma de las entradas de capital ha sido generalizada y ha afectado aun a países que cuentan con una base macroeconómica sólida y poseen un buen historial en materia de reforma.

El deterioro de las condiciones financieras, sumado a la caída de los precios de exportación y de los términos de intercambio comercial, ha provocado un ciclo sumamente sincronizado de desaceleración y recesión en las siete economías más grandes de la región, cuyo crecimiento previsto para 2001 asciende apenas a 1%.

A raíz de la crisis rusa, entre el segundo trimestre de 1998 y el segundo de 1999, el PIB de las siete economías más grandes disminuyó 3% y las inversiones se redujeron un 16%. Dada su estrecha integración con la economía de los Estados Unidos, la de México fue la única de las economías latinoamericanas grandes que escapó a la recesión durante ese período y fue, también, la única que no se vio afectada por la pronunciada contracción de las flujos de capital. Las mejores condiciones financieras, la gestión firme de los Estados Unidos y la recuperación de los mercados incipientes de Asia, permitieron cierta recuperación de la actividad económica durante el segundo semestre de 1999 y el primer trimestre de 2000, pero esa recuperación duró poco y la actividad económica se encuentra estancada desde mediados de 2000. Muchos países han caído nuevamente en la recesión y las inversiones en capital fijo, que el año pasado estaban aún 15% por debajo de los niveles anteriores a la crisis rusa, han vuelto a contraerse.

El 11 de septiembre, los trágicos ataques terroristas en los Estados Unidos han provocado conmociones profundas en los planos políticos y sociales del mundo que se han reflejado inexorablemente en la coyuntura económica.

Las economías de Japón, Estados Unidos y algunos países europeos, que ya daban claras señales de desaceleración, se han visto afectadas por un poderoso factor de desconfianza tanto en los inversores como en los consumidores. En los Estados Unidos, la bolsa de valores ya fuertemente golpeada por los efectos de la desaparición de la llamada "burbuja especulativa de la economía de la información" acusó el impacto llegando a sus valores mínimos en varios años.

América Latina y el Caribe han sido las regiones más afectadas por estos acontecimientos. Regiones como el Caribe y Centroamérica están experimentando una reducción sin precedentes de los flujos turísticos con repercusiones dramáticas sobre la industria turística y los servicios conexos, incluyendo la aeronáutica. Las remesas de los emigrantes son igualmente sensibles a la reducción de empleos en los Estados Unidos. A esto se agrega un derrumbe histórico del precio del café que afectó directamente a decenas de miles de pequeños productores de baja renta.

Los países sudamericanos, especialmente los que están fuertemente dependiendo de inversiones externas y de flujos financieras para financiar la balanza de pagos, deben enfrentarse con fuertes aumentos en los costos del capital y una reducción aún mayor de sus volúmenes de los que ya venía ocurriendo antes del 11 de septiembre.

Sin embargo, ha habido señales prometedoras que llevaron al Fondo Monetario Internacional a pensar que luego de un mal trimestre a fines del año 2001, la economía de los Estados Unidos podrá volver a una sólida recuperación. Esta es una buena noticia.

Esas señales se fundamentan en medidas de política económica como la reducción de la tasa de interés de corto plazo, la activación de la política fiscal, la concertación de políticas entre los países del G-7 y las políticas públicas de apoyo de emergencia a sectores económicos fuertemente afectados.

Estas medidas, además de procurar revertir el ciclo recesivo, tienen amplios efectos positivos directos como los que se derivan del estímulo a los mercados financieros de los que nuestra región depende fuertemente en este momento. Al mismo tiempo, la baja de los precios de los hidrocarburos presenta efectos ambivalentes. Obviamente afecta negativamente a los países productores y beneficia considerablemente a aquellos que dependen totalmente de la importación de los mismos.

Debemos confiar en que ningún acontecimiento extraordinario interrumpirá la sólida y firme adopción de políticas que están en marcha en Estados Unidos y los demás países del G-7, en especial el Japón, y así retornar a la normalidad en la segunda mitad del próximo año. Ciertamente la normalidad recuperada no significaría un mero retorno al pasado, pero es fundamental que ella tenga lugar no sólo para los países industriales sino también para las economías en vías de desarrollo.

La contribución del BID a la presente coyuntura regional

La situación de la región ya venía preocupando al Directorio y la Administración del Banco antes de los trágicos eventos del mes de septiembre.

La función fundamental de un banco de desarrollo es la de apoyar los objetivos del desarrollo económico y social de los países prestatarios dentro de los objetivos de la estrategia institucional adoptada por el Directorio.

Pero debe también procurar hacerse presente en el alivio a las coyunturas creadas por ciclos adversos de origen natural o de origen externo que pueden impactar a nuestros países, como lo hicimos en las crisis externas de 1995, 98 y 99. En esas circunstancias, el Banco utilizó en esas oportunidades sus instrumentos de crédito tradicionales y además habilitó líneas de crédito especiales de emergencia, especialmente orientadas a aliviar "los impactos sociales" de un producto interno bruto en descenso o a sostener los logros de las reformas que con tanto sacrificio fueron introducidas en los años pasados.

En las presentes circunstancias, el Banco está pronto para hacer su contribución en su asociación con América Latina y el Caribe, junto con las demás instituciones como el Fondo Monetario Internacional --que tiene el papel principal en el apoyo a los problemas de balanza de pagos-- el Banco Mundial y los bancos subregionales.

Estas son las líneas de acción en las que estamos trabajando con urgencia entre el Directorio y la Administración.

1. Reapertura de la línea especial de créditos de emergencia

Estamos proponiendo al Directorio Ejecutivo y por su intermedio a los Gobernadores del Banco, la reapertura de una línea de crédito de emergencia que nos permita apoyar a aquellas situaciones especiales que así lo requieran, apuntando especialmente al alivio de los impactos sociales o a la reactivación de la economía. En esa tarea trabajaremos como en las situaciones anteriores en estrecho contacto con los organismos de Bretton Woods.

2. Apoyo especial a las situaciones de emergencia de los países pequeños y de menor desarrollo económico relativo

Especial atención merecen las situaciones de Centroamérica y los países del Caribe. Estamos participando en consultas con los demás organismos multilaterales y los bancos subregionales y cooperaciones bilaterales para examinar los mecanismos de apoyo en las presentes circunstancias. La consideración de préstamos en ejecución puede servir de ayuda inmediata. Es urgente examinar medidas de apoyo a este grupo de países y a los centroamericanos que resultan los más severamente expuestos al ciclo internacional.

3. Apoyo al sector privado

La ventana del sector privado y de la Corporación Interamericana de Inversiones le permitrían la Grupo del Banco aumentar su papel catalítico en la movilización de recursos financieros, tanto los de origen doméstico como de los mercados internacionales.

Aparte de su papel tradicional de promover las reformas institucionales que apoyan a los mercados financieros, el Banco recientemente ha expandido su arsenal de instrumentos que estimulan el desarrollo de los mercados de capital. Tal es el caso del uso de las garantías contra riesgos regulatorios o políticos, así como garantías parciales de crédito para crear instrumentos mixtos que sean más aceptados por los mercados.

El Banco está proponiendo a los Gobernadores una duplicación de los recursos actualmente disponibles para su apoyo al sector privado. Creemos que estos instrumentos y otras iniciativas que actualmente está analizando un comité ad-hoc del Directorio puedan jugar un papel de estímulo para reducir los riesgos macroeconómicos, regulatorios y políticos que ayuden a sostener los altos niveles de corrientes privadas de capital de los últimos años.

4. Línea especial de apoyo a medidas de seguridad en los aeropuertos de la región

La seguridad de vuelo y de operaciones de los aeropuertos se ha convertido en un objetivo de alta prioridad, especialmente en momentos en que se requieren condiciones óptimas para facilitar la continuación de los viajes turísticos y el movimiento de mercaderías. En las últimas semanas han aumentado los costos de las exportaciones de mercaderías, incluyendo seguros, que generan una carga a los ingresos externos de nuestros países.

En el pasado hemos apoyado a grupos de países a mejorar la seguridad de vuelo en sus aeropuertos. Ahora estamos presentando al Fondo Multilateral de Inversiones una línea especial de cooperación técnica de hasta 20 millones de dólares para apoyar a los gobiernos que lo soliciten en el mejoramiento de los mecanismos de seguridad en sus aeropuertos. De esas cooperaciones técnicas podremos identificar proyectos de crédito especiales para los países que lo soliciten.

5. Establecimiento de líneas de crédito especiales del Banco y/o del Fondo Multilateral de Inversiones para fortalecer las acciones nacionales o regionales o subregionales de prevención del lavado de dinero que incluyan:

Incorporación en la reforma financiera de las reglas generalmente aceptadas del Financial Action Task Force, entrenamiento de funcionarios públicos y privados en la detención y prevención del lavado de dinero, intercambio de información y detección de movimientos criminales de fondos, apoyo al fortalecimiento de la justicia en estas áreas, establecimiento de unidades de inteligencia financiera en los gobiernos para combatir al lavado de dinero, etc.

En el diseño de estas políticas de apoyo a gobiernos, reforzaremos la cooperación ya existente con el CICAD (Inter-American Drug Abuse Control Commission) de la OEA, con CFATF (Caribbean Financial Action Task Force) y GAFISUD (Grupo de Acción Financiera Sudamericana) para intercambiar informaciones, participar en el diálogo internacional de lavado de dinero y asegurar que nuestros gobiernos miembros estén debidamente informados de las actividades de estos organismos.

6. Apoyo prioritario a las redes de protección social y medidas de reactivación económica

Resulta claro que las actuales tendencias de la coyuntura habrían de tener efecto negativo --y ya lo están teniendo-- sobre los niveles de pobreza, el desempleo y la situación social. Los márgenes de maniobra debido a la situación fiscal serán estrechos. Creemos que los gobiernos deberán explorar al máximo iniciativas que, al tiempo de respetar la responsabilidad fiscal, permitan adoptar medidas compensatorias que sostengan los niveles del gasto social y promuevan medidas que permitan aliviar los impactos negativos de la coyuntura sobre la situación social de los sectores de menos ingresos, el desempleo y las microempresas.

El Banco puede dialogar con los gobiernos que lo deseen para ayudar con recursos adicionales o con la reorientación de los préstamos vigentes para fortalecer redes de protección social.

Los proyectos de infraestructura económica y social contienen un elemento componente de apoyo al nivel de actividad económica y el Banco podrá examinar condiciones flexibles para la ejecución de iniciativas.

7. La promoción del diálogo sobre políticas y la cooperación regional

El papel del Banco en la promoción del diálogo sobre políticas puede ser tan valioso como su papel financiero. El conocimiento de los países y el interés genuino en el impulso al desarrollo de la región ha hecho del BID una fuente importante de estudios y asistencia técnica, un asesor digno de confianza y una secretaría técnica ideal para fomentar el debate entre las autoridades regionales. El informe sobre competitividad que hoy día publicamos es un ejemplo de los estudios importantes en lo que atañe a las políticas. Las reuniones de intercambio de ideas con autoridades gubernamentales de alto nivel que encabeza nuestro Economista Jefe y las reuniones periódicas de varias redes de responsables de políticas que organiza el Banco para tratar temas como la macroeconomía, los problemas laborales y la integración regional, son ejemplos de la importancia que nuestra institución atribuye a la creación de conocimientos y su difusión. El Banco también respalda los esfuerzos emprendidos por los gobiernos de la región para abrir cauces de diálogo más fluidos con los sindicatos, los grupos étnicos y otras organizaciones de la sociedad civil, en búsqueda de alternativas políticas para hacer frente a las crisis sociales y económicas de muchas regiones y países.

El refuerzo del diálogo sobre políticas en todos los niveles, es decisivo para asegurar que las ganancias obtenidas durante los años recientes, merced a un gran esfuerzo, en materia de estabilización macroeconómica y reforma estructural, no se disipen en un momento de zozobra. Nos complace el hecho de que inclusive las circunstancias por demás difíciles de los años recientes no hayan sacudido las reformas económicas y el fortalecimiento de la democracia en la región. El deterioro del entorno internacional del comercio y las finanzas, está sometiendo a una prueba aún más dura esa resistencia.

8. Fortalecer los mecanismos de cooperación regional, hemisférica y global en el campo del comercio

En las presentes circunstancias se están haciendo grandes esfuerzos para fortalecer los mecanismos de integración subregional, los cuales atraviesan momentos difíciles que deben sortearse con excepciones que permitan compatibilizar los problemas de la coyuntura actual con la preservación de los grandes objetivos de una cooperación regional más profunda, los que constituyen grandes activos a preservar.

Es también una buena noticia la continuación de las negociaciones con Estados Unidos y Canadá sobre una zona de libre comercio en los plazos estipulados. Asimismo respecto a las negociaciones con la Unión Europea.

Una culminación exitosa de la nueva ronda del milenio de la OMC sería un gran estímulo a las expectativas de los mercados hoy dominados por las incertidumbres y la adversión al riesgo. El Banco viene cooperando activamente en todos estos frentes y está reforzando su capacidad de análisis y de asesoramiento a los gobiernos miembros.

9. Coordinación de las actividades del Banco con las instituciones de Bretton Woods y los organismos financieros subregionales

Están en marcha mecanismos adicionales de consulta y coordinación con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los demás Bancos Regionales. Estas consultas nos permiten un intercambio muy provechoso de informaciones y evaluación sobre la situación de todos nuestros países prestatarios y, como resultado de esas consultas, una mayor coordinación de las actividades de los organismos con los países miembros.

Nos proponemos ampliar esos mecanismos de información y consultas con los organismos financieros subregionales.

En conclusión

  • América Latina y el Caribe se enfrentan a un período de dificultades económicas que se verán reflejadas en tasas menores de crecimiento, mayores déficits en la cuenta corriente, retracción de los flujos financieros y de las inversiones externas en relación a los niveles de los últimos años.
  • Estos factores tendrán inevitables repercusiones sobre la situación social de la región, en particular sus niveles de pobreza y desempleo.
  • El ciclo económico negativo podrá revertirse si las economías industriales logran reactivar sus economías y retornar a la normalidad en la confianza de inversionistas y consumidores.
  • Como hemos dicho, la gran mayoría de los analistas económicos y financieros y del Fondo Monetario Internacional están previendo una reversión del ciclo para el segundo semestre del próximo año.
  • De confirmarse esas previsiones, lo cual supone que ningún factor exógeno adicional las frustre, esto permitiría una recuperación del crecimiento económico de la región por encima del 2% para el año 2002.
  • Es importante destacar que aun cuando hay grandes diferencias en la situación de un país a otro, los fundamentos económicos de la región son hoy mucho más sólidos que hace una década, lo que nos lleva a pensar que, sin desconocer diferencias, estamos mejor preparados para hacer frente a los desafíos del ciclo internacional.
  • Esto nos lleva a reflexionar sobre las políticas que los países deben aplicar para mantener los logros de aquellas reformas, especialmente las ganancias en materia de estabilidad, disciplina fiscal y apertura de las economías. Políticas fáciles que alteren los equilibrios fundamentales podrían lograr ganancias efímeras, no sostenibles en el tiempo, y tendrían costos sociales mucho mayores en el futuro.

Esto no quiere decir que no haya que adoptar intervenciones inteligentes del Estado concertadas con los sectores empresariales y sindicales para aliviar los costos sociales de la coyuntura internacional y procurar reactivar el crecimiento y mejorar la competitividad. El llamado a la concertación de esfuerzos en torno a las políticas públicas frente a coyunturas difíciles como la presente es altamente aconsejable.

También lo es movilizar con pragmatismo la cooperación regional, la cual tiene en la Región antecedentes excelentes y que en las presentes circunstancias habrá que potenciar. Hoy más que nunca se requiere fortalecer y preservar los grandes objetivos de la integración regional y todas las formas posibles de cooperación entre los países de América Latina y el Caribe.

La cooperación internacional multilateral es igualmente necesaria. Este es precisamente el momento en que esa cooperación, en especial la de los organismos como los nuestros, debe ponerse a disposición de los gobiernos para instrumentar políticas anticíclicas que dan pleno sentido a los objetivos fundamentales de su creación.

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