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01-ene-2000

La globalización, ¿es buena, mala o qué?

Fuentes reclama mercados con rostro humano

La globalización puede beneficiar a América Latina sólo si el sistema del libre mercado contribuye más a satisfacer sus necesidades sociales, aseveró el escritor mexicano Carlos Fuentes en la apertura de un ciclo de seminarios convocado por el BID en vísperas del 2000.

“Los pueblos serán enemigos del mercado libre si el mercado es enemigo del pueblo”, dijo Fuentes el 19 de octubre en la sede del Banco en Washington. Su disertación inauguró el ciclo Cátedra Siglo XXI, que conmemora el cuadragésimo aniversario del BID.

“La empresa privada está interesada en invertir, producir, emplear y lucrar”, agregó. “Pero en el mundo actual tenemos que entender que el mercado no es un fin en sí mismo, sino un medio para lograr el bienestar compartido de un creciente número de consumidores. El mercado es un instrumento, no es un dogma.”

De igual forma, afirmó, la globalización tiene “vicios y virtudes”. “Puede crear prosperidad, pero también exclusión y la creación de una clase marginada permanente.”

En un llamado de atención sobre cierto “darwinismo global”, Fuentes advirtió que la globalización puede exacerbar las desigualdades y aumentar al doble en 30 años el número de personas indigentes en todo el mundo. “¿Es ésto lo que queremos? ¿La globalización de la pobreza?”, preguntó.

Pero Fuentes recordó que la globalización puede encerrar inmensos beneficios potenciales. Aumentará la velocidad y universalidad de las comunicaciones, apuntó. “Hubo tiempos en que los regímenes autoritarios podían ocultar sus fechorías. Pero ya no más. La impunidad oficial se ha tornado más difícil en un mundo globalizado.”

La globalización ha traído también progresos tecnológicos, que benefician pero también involucran peligros. Cuando el progreso es tan rápido, los países que no puedan mantener el ritmo se encontrarán en una tremenda desventaja, aseguró.

Necesidad de reformas. Los progresos en tecnología y comunicación promoverán el ritmo de las inversiones. Pero una vez más, los beneficios no serán automáticos. Las inversiones beneficiarán a la sociedad sólo si los países hacen su parte fortaleciendo la seguridad social y mejorando la salud y la educación. Los países deben poner en claro, sostuvo Fuentes, que “la sociedad no está al servicio del mercado, sino del ciudadano”.

Fuentes hizo un llamado a los gobiernos a implementar reformas, particularmente del estado, que desde la Segunda Guerra Mundial “creció pero no se hizo más fuerte, y siguió caracterizado por el favoritismo y el tráfico de influencias”. En cambio, los gobiernos en las sociedades más desarrolladas son vigorosos pero no grandes, y funcionan más como reguladores que como propietarios, señaló. Una importante labor de un estado debe ser reducir la corrupción. “Es perfectamente fácil entender la reticencia de las entidades financieras internacionales, hasta la de muchas firmas transnacionales, a dar crédito e invertir en países donde la corrupción es flagrante”, agregó.

“Si queremos ser países respetables y merecer crédito e inversiones, debemos eliminar la corrupción que es la forma más brutal de robar a los pobres”, aseveró.

Fuentes concluyó poniendo de relieve el papel de la cultura en un mundo crecientemente globalizado. La cultura tiene una vida propia, y en América Latina “continúa sin rupturas, que contrasta seriamente con las rupturas y debilidades de nuestra vida política y económica.” En el siglo XXI, América Latina deberá ajustar la política y la economía a la realidad socio-cultural para “respetar las diferencias raciales, ideológicas, sexuales, lingüísticas, culturales y psicológicas dentro de cada sociedad nuestra”.

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