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A pesar de los avances de los últimos años, la falta de acceso a servicios de infraestructura básica sigue aquejando a las familias de América Latina y el Caribe. Aproximadamente 21% de las familias de la región carecen de acceso a algunos servicios de infraestructura básica como electricidad, agua potable y tuberías de aguas negras, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

Como se puede apreciar en el gráfico, otros problemas que inciden en la situación de la vivienda en la región son: 12% de las familias usan materiales de construcción de mala calidad en sus viviendas y 11% carece de título de propiedad asegurado. Hasta 6% de las familias de la región habitan viviendas con pisos de tierra y en hacinamiento, lo que incide negativamente en la salud.

En América Latina y el Caribe hay una mayor cantidad de zonas marginales que en otras regiones en desarrollo. Para mejorar las condiciones de vida, los gobiernos han emprendido grandes programas de renovación de zonas marginales que han mejorado la vida de cientos de miles de personas de bajos ingresos.

Pero ésa no es una forma eficiente de proporcionar vivienda básica a largo plazo, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

Como puede apreciarse en el gráfico, proporcionar infraestructura básica en una zona marginal puede costar ocho veces más que en un área sin urbanizar. Para asegurar un uso efectivo de los recursos públicos, los gobiernos también deberían formular estrategias y ofrecer subsidios para aumentar la oferta de tierras urbanizables asequibles y prevenir la formación de zonas marginales.

La mayor parte de la población que vive en las ciudades más grandes de América Latina no puede acceder a una vivienda formal a causa de ingresos insuficientes, altos intereses hipotecarios y altos precios de la vivienda, así como por la incapacidad de documentar sus ingresos, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas (DIA).

El gráfico muestra que al tomar en cuenta todos esos factores, más de dos terceras partes de las familias de Caracas, Machala, Santa Cruz, La Paz, Lima, Santo Domingo, Buenos Aires, San Pedro Sula y Managua no pueden acceder a una vivienda formal.

América Latina es la segunda región más urbanizada del mundo, después de América del Norte, y la más urbanizada región del mundo en desarrollo. Alrededor de 80% de la población de la región vive en las ciudades, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas (DIA).

La demanda de vivienda en la región repuntará en el futuro cercano debido al rápido crecimiento de la población urbana y al menor tamaño de las familias. El número de personas que viven en las 198 ciudades más grandes de la región dará un salto de 21%, a 315 millones, para 2025, y se anticipa que el tamaño de la familia promedio se reduzca en 18%, pasando de 3,8 personas por hogar en 2007 a 3,1 en 2025.

El gráfico ilustra el tamaño de la demanda de algunas de las mayores ciudades de la región.

La vivienda más barata que ofrece el sector privado en América Latina sin subsidio alguno de construcción tenía un precio promedio de U$24.000 en 2010 y una familia necesitaba 21 meses de ingresos completos para sufragarla, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas (DIA).

El gráfico muestra los precios promedios de la vivienda más barata del sector privado en las grandes ciudades de América Latina. Caracas, Buenos Aires y Santiago son las más costosas de la región, mientras que La Paz, Managua y Guayaquil son las más baratas. Si se toma en cuenta el nivel de ingreso y el tiempo que una familia necesita para sufragar el costo de la vivienda, Buenos Aires, Caracas y Montevideo son las más caras, y Bogotá, Guadalajara y San José, las más baratas.

A pesar del buen desempeño económico que ha gozado América Latina y el Caribe durante la última década, la falta de vivienda adecuada para personas de bajos ingresos sigue siendo un grave problema en la región.

No solo hay un número insuficiente de viviendas sino que además hay una gran cantidad de deficiencias cualitativas como la falta de título de propiedad, la mala calidad de materiales utilizados para la construcción, la presencia de pisos de tierra, o la falta de tuberías para agua potable y cañerías; según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

El gráfico resume el déficit total de la región. Más de dos terceras partes de las familias de Nicaragua, Bolivia, Perú y Guatemala carecen de vivienda adecuada.

Casi una de cada tres familias en América Latina y el Caribe (32%) habita en una vivienda inadecuada y el déficit habitacional va en aumento, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

La vivienda de alquiler puede contribuir a reducir la escasez, pero la región no parece estar aprovechando la oportunidad. Como se puede apreciar en el gráfico, la proporción de viviendas en América Latina y el Caribe es menos de la mitad del promedio en la Zona euro.

La regulación del sector de la construcción busca proteger la salud y la seguridad de las personas, así como garantizar unos estándares mínimos de las viviendas y de los barrios. Sin embargo, el exceso de regulación y de trámites burocráticos aumenta los costos de la industria de la construcción, reduciendo el nivel de rentabilidad de proyectos de estrecho margen de utilidad, como los de vivienda de interés social de pequeña escala, y la facilidad de familias de bajos ingresos de adquirir vivienda en esos proyectos.

El gráfico muestra que los costos legales vinculados con la construcción de una vivienda independiente pueden ser muy altos en las ciudades de América Latina. En promedio, los costos legales representan casi 5,6% del valor del inmueble y se necesitan 2,1 meses para obtener un permiso de construcción, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

Dos terceras partes del precio de venta de una vivienda nueva, ofrecida por el sector privado, puede atribuirse a los costos de construcción, según "Un espacio para el desarrollo: los mercados de vivienda en América Latina y el Caribe", la más reciente edición de la publicación insignia del BID, Desarrollo en las Américas.

Los materiales por sí solos representan casi 40% del costo total y la mano de obra, 22% más. Reducir estos costos ayudaría a hacer la vivienda formal más asequible para los aproximadamente 210 millones de latinoamericanos que hoy no cuentan con una vivienda formal.

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