El río y la ciudad

El período español 1762-1803


Una mezcla cultural única

La ciudad vista a través de la mirada de sus artistas

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El período español 1762-1803 –


fin de cuentas, el rey de Francia, Luis XV, y el rey de España, Carlos III, eran primos y aliados contra Inglaterra. Sin embargo, la transferencia de Luisiana a España se mantuvo en secreto hasta el 21 de abril de 1764, cuando Luis XV envió una carta al gobernador de Luisiana, Jean-Jacques Blaise D'Abbadie, en la que le daba a conocer el traspaso. El 10 de julio de 1765, Carlos III designó gobernador de Luisiana a Antonio de Ulloa, oficial de la armada y hombre de ciencia. El funcionario llegó a Nueva Orleans el 5 de marzo de 1766, pero nunca fue del agrado de los colonos y se marchó al cabo de dos años, después de una revuelta.

Para sustituirlo, Carlos III nombró a Alejandro O'Reilly, soldado de origen irlandés, quien llegó a la ciudad el 20 de julio de 1769 y restauró el orden de la colonia con mano de hierro, al punto de que se ganó el apodo de "Bloody O'Reilly" (O'Reilly el Sanguinario). Poniendo en práctica las leyes españolas, instaló el cabildo, abolió la esclavitud de los indios, ayudó a los agricultores a legalizar la posesión de sus tierras, implantó un sistema de reparto de tierras a los colonos para que las trabajaran y supervisó la construcción de caminos y diques.

Royal from St. Peter Street (1940s) es otra vista de esta esquina del sector más antiguo de Nueva Orleans, realizada al aguafuerte por Morris Henry Hobbs.
The Historic New Orleans Collection
O'Reilly dejó el cargo en 1770 y fue remplazado por Luis de Unzaga y Amezaga, hombre justo y pragmático cuya meta principal era la prosperidad de la colonia, que se prolongó por los treinta años siguientes bajo los sucesivos gobernantes. Unzaga hizo los primeros intentos por establecer escuelas públicas. En contra de las disposiciones de la corona española, permitió el comercio con los ingleses, aunque al mismo tiempo ayudó a los habitantes de las 13 colonias en la guerra para independizarse de Inglaterra. Andrés Almonester y Roxas, andaluz que fuera notario real del gobernador Unzaga, se distinguió como uno de los grandes benefactores de Luisiana. Su hija, la baronesa Pontalba, fue propietaria de los apartamentos de balcones cuya herrería ostenta su monograma y que aún adornan la Plaza Jackson.

La figura más conocida y más amada del periodo español fue Bernardo Gálvez, quien a los 21 años fue nombrado gobernador de Luisiana; a él le toco llevar a efecto la declaración de guerra de España contra Inglaterra el 8 de mayo de 1779. Al mando de su ejército derrotó a los ingleses en Baton Rouge, Natchez, Mobile y Pensacola, y recobró la Florida para España al capitular los ingleses el 9 de mayo de 1781. Su estatua se encuentra ahora al comienzo de la calle Canal y la ciudad de Galveston se llama así en su honor. Por cierto, en Washington también se le rinde homenaje con una estatua ecuestre localizada en la intersección de la avenida Virginia y la calle 21, en el sector noroccidental de la ciudad.

La independencia de Estados Unidos se reconoció por la firma del Tratado de París en enero de 1783, con lo cual el nuevo país pasó a tener por vecino oficial a España, con una vasta frontera que iba del Atlántico al Pacífico. Dos años después, Gálvez marchó a la Nueva España como virrey y fue sucedido en Luisiana por Esteban Rodríguez Miró. Fue durante el gobierno de este cuando se produjeron los dos primeros incendios catastróficos que destruyeron la mitad de Nueva Orleans. Rodríguez aprobó ordenanzas para regular la construcción de nuevos edificios y de esta manera el estilo español hizo su entrada en la arquitectura de la ciudad, que empezó a ostentar arcadas, patios y fuentes, así como pesados cerrojos y enrejados de hierro y una balconería adornada de barandas de hierro forjado que simula encaje; de todo ello quedan huellas notables hoy en día.

El gobernador Francisco Luis Héctor, barón de Carondelet, entró en funciones en 1791 y se distinguió como uno de los mejores administradores y urbanistas de la capital. En su época se construyeron nuevos canales para facilitar el comercio, y se erigieron fuertes y baterías para proteger a la ciudad de ataques militares. También se instaló el sistema de alumbrado público, se instauraron las rondas nocturnas de la policía y comenzó la publicación del primer periódico de Luisiana, el Moniteur de la Louisiana.

Irónicamente, el único gobernador español que fue sepultado en Nueva Orleans es el general brigadier Luis Gayoso de Lemos, quien desempeñó el cargo de 1797 a 1799. A la sazón, hacía mucho que los borbones habían dejado el trono de Francia, se había producido la Revolución Francesa y Napoléon Bonaparte estaba trazando sus planes para conquistar Europa. El gobernador que sucedió a Gayoso fue el marqués de Casa Calvo (1799-1801), y el último gobernador español fue Juan Manuel Salcedo, quien ocupó el cargo entre 1801 y 1803, después de la firma del Tratado de San Ildefonso en 1800, por el cual Luisiana fue traspasada a Francia.

Bajo el dominio español, Luisiana se convirtió en una colonia próspera. Al volver a manos francesas, Luisiana tenía 50.000 habitantes.