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Desde
sus albores, la ciudad de Nueva Orleans y lo que hoy conocemos
como el estado de Luisiana han estado estrechamente vinculados
con lo que el río Mississippi es y representa.
A lo largo de la historia de una y otro como entidades
geográficas, económicas, sociales y políticas,
el río ha despertado ambiciones coloniales, avaricia
y deseos de autosatisfacción; pero también
ha sido fuente de dignidad, orgullo, armonía y
progreso colectivo, que en conjunto han dado origen a
un rico legado de grandes logros.
De hecho el río ha moldeado el destino de Nueva
Orleans, dando forma y sustento a la sociedad de esta
singular región y definiendo su relación
con Estados Unidos y con el resto del mundo.
El Mississippi nace en el lago Itasca, en la parte septentrional
de Minnesota. Desde allí el río emprende
un recorrido de 3.750 km, a lo largo del cual atraviesa
diez estados y recibe el caudal nutricio de centenares
de afluentes hasta unirse finalmente con el golfo de México,
al que aporta un volumen equivalente a la tercera parte
de las aguas fluviales del territorio continental estadounidense.
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