El río y la ciudad


Una mezcla cultural única

El arte del retrato

La ciudad vista a través de la mirada de sus artistas

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Créditos

El arte del retrato -

John Hanno Deiler (1849-1909), quien aparece en esta foto de 1894, nació en Alemania y se especializó en el estudio de la inmigración alemana a Estados Unidos. Entre sus libros más notables está Asentamientos en la costa alemana de Luisiana y creoles de descendencia alemana (c1894), publicado en el año de su muerte.
The Historic New Orleans Collection

medida que Nueva Orleans empezó a prosperar durante el periodo español, prosperaron también los comerciantes, las autoridades y los ciudadanos sobresalientes que deseaban ser recordados y embellecer con sus retratos las paredes de sus casas o instituciones. La ciudad no tuvo escuela de artes hasta fines del siglo XIX; sin embargo, nunca faltaron pintores y artistas plásticos que quisieran inmigrar, atraídos por la actividad y animación del lugar. Desgraciadamente, dos grandes incendios casi sucesivos que ocurrieron a fines del siglo XVIII destruyeron muchas pinturas de ese periodo y de periodos anteriores.

Con anterioridad a 1800, uno de los primeros pintores que ejercieron en la ciudad fue José Francisco de Salazar y Mendoza, quien al parecer era ayudado por su hijo o su hija o tal vez su hermano. Muchos de sus lienzos no llevan firma, costumbre que no era rara en la América española. Salazar nació en Mérida, Yucatán (México), y en 1872 llegó a Nueva Orleans, donde murió en 1802. Entre otros, pintó los retratos de Andrés Almonester y Roxas y del obispo Luis de Peñalver y Cárdenas.

Franz Joseph Felischbein, oriundo de Alemania, llegó a Nueva Orleans en 1833 y desarrolló una carrera como pintor retratista y posteriormente como daguerrotipista y ambrotipista. Su obra Portrait of a Woman of Color ha desconcertado a los historiadores del arte, quienes creen que la mujer retratada era una de las sirvientas del autor.

Adolf D. Rinck, un artista francés, llegó a en 1840, desarrollando su actividad profesional hasta alrededor de 1970. A él se debe el retrato hecho en 1853 de Judah Philip Benjamin, quien por la época de la llegada de Rinck era uno de los abogados más importantes de Luisiana. Como miembro de la Cámara de Representantes, tocó a Benjamin informar al Senado de la secesión de Luisiana y posteriormente fue nombrado secretario de guerra del gobierno confederado.