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Para
1871, cuando Alfred R. Waud y W. H. Morse publicaron
este grabado en madera titulado Sketches of Characters
in New Orleans (publicados el 1o de Julio, 1871),
resulta obvio que la ciudad contaba con razas y culturas
venidas de casi todas las regiones de la tierra.
The Historic New Orleans Collection
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iudadanos de prácticamente todas las nacionalidades
han venido a asentarse en Luisiana en algún momento
de su historia. Entre las características que han
contribuido a hacer tan singular a los pobladores de Nueva
Orleans cabe mencionar su sentido de la historia, la influencia
recíproca y la coexistencia de muchas culturas, y
la interacción informal con las sociedades mestizas
de los países vecinos del Caribe y América
Latina. En efecto, estos factores han contribuido a que
la gente aprenda a colaborar haciendo a un lado sus diferencias.
La región estaba habitada cuando llegaron los europeos.
Cuando Iberville arribó a la desembocadura del río
Mississippi en 1699, encontró varias tribus aborígenes,
entre ellas la de los bayugula y los mongulacha, que le
ayudaron a explorar las zonas cercanas al delta del Mississippi,
como el lago Pontchartrain. Es más, Iberville llamó
Baton Rouge a uno de los asentamientos debido al báculo
rojo que los indios usaban en algunos juegos y ceremonias.
Otras tribus eran los natchez y los chickasaws.
Los primeros franceses vinieron con Iberville y Bienville;
los que llegaron después lo hicieron atraídos
u obligados por la empresa de John Law, o bien por su propia
voluntad. De los casi 10.000 alemanes que deseaban venir
a Luisiana allá por 1719, encandilados por las promesas
de la compañía de Law, sólo llegaron
2000; muchos perecieron víctimas de enfermedades
y otras penurias. Algunos de los sobrevivientes se asentaron
en lo que hoy se conoce como la Costa Alemana. En 1765,
un gran número de naturales de Acadia (Nueva Escocia),
conocidos como los cajún, se exiliaron en Luisiana.
Aunque también hablaban francés, al contrario
de los criollos no se quedaron en la ciudad. Los cajún
prefirieron irse a vivir a la zona de los bayous y pantanos,
y se valieron de la tradición oral para conservar
su lenguaje y su cultura. El grupo de colonos españoles
más importante que llegó a Luisiana provenía
de las Islas Canarias y llegó en 1778, estableciéndose
en la parroquia de St. Bernard. Otros vinieron de la Florida
y fundaron Nueva Iberia.
La Compañía del Oeste también propició
la llegada de negros de Africa occidental, Haití,
Belice, Virginia y Carolina del Sur. En 1724, el gobierno
francés promulgó el llamado Code Noir, para
proteger a los negros libres y a los esclavos y reglamentar
el trato que recibían. Este código fue la
base de las leyes de esclavitud hasta los años veinte
del siglo XIX, cuando el estado adoptó normas más
estrictas. En ese entonces, casi 20 por ciento de la población
urbana estaba constituido por gente de color manumitida
que vivía en barrios mixtos.
La compra de Luisiana en 1803 provocó la llegada
en masa de gente de otras partes de Estados Unidos. Estos
inmigrantes empezaron a competir con los criollos locales
(que eran estrictamente de ascendencia francesa, española
o africana) y al final acabaron superándolos en número.
Se cree que entre 1820 y 1860 un millón de inmigrantes
ingresaron a Estados Unidos por Nueva Orleans. Los inmigrantes
irlandeses venían huyendo de la hambruna e, irónicamente,
casi 14.000 de ellos murieron por enfermedades o desnutrición
mientras trabajaban en la construcción del nuevo
Basin Canal en 1835-1838. Entre 1850 y 1855, 126.000 alemanes
pasaron por la aduana; estos tenían un mayor grado
de instrucción y conseguían empleos más
calificados. En la época de la Guerra de Secesión,
vivían en la ciudad casi 20.000 alemanes y el 40
por ciento de la población había nacido en
otro país.
En aquel entonces, Nueva Orleans era la ciudad más
grande de la Confederación, y ocupaba el sexto lugar
en Estados Unidos. Al terminar la guerra, se produjo otra
oleada impresionante de inmigración europea entre
1890 y 1910. Centenares de miles de italianos, principalmente
de Sicilia, llegaron a la ciudad. Hoy en día, sólo
alrededor de 9 por ciento de la población puede considerarse
verdaderamente descendiente de los criollos originales
Cuando estaba por concluir el siglo XIX, a Nueva Orleans
comenzó a llegar una ola considerable de inmigración
proveniente de América Central, en particular de
Honduras. La estrecha relación que se estableció
entre dicho país y Luisiana tiene su origen en el
comercio bananero de la Standard Fruit Company y la United
Fruit Company, cuyas sedes estaban en Nueva Orleans. El
antiguo edificio de la United Fruit Company aún puede
verse en la calle Charles. Muchos hondureños acaudalados
y otros miembros de la elite económica centroamericana
enviaban a sus hijas a la ciudad para que se educaran con
las monjas ursulinas. Los hondureños que no gozaban
de privilegios eran contratados por las empresas como mecánicos
y carpinteros para trabajar en los embarcaderos de los buques
de vapor, como fue el caso de Lino Florentino, el creador
del arcón de cedro para ropa blanca que se incluye
en la presente exposición.
En nuestros días, la influencia del número
cada vez mayor de ciudadanos de habla española, en
especial cubanos, en la comunidad de Nueva Orleans se refleja
en la existencia de La Prensa, periódico mensual
que está dirigido al público latinoamericano
y también al estadounidense. Además, dos estaciones
de radio transmiten en español. En la ciudad proliferan
los letreros en castellano. Las tradiciones latinoamericanas
religiosas y seculares, tales como el día de los
Reyes Magos, se celebran con la participación de
músicos visitantes. La ciudad cuenta con una representación
de la Cámara Estadounidense de Comercio, que tiene
por finalidad facilitar y fomentar los intercambios comerciales
con América Latina.
Uno de los grandes grupos de inmigrantes que llegó
en fecha reciente a la ciudad es el de los vietnamitas.
Sus tradiciones católicas heredadas de los franceses,
al igual que las tradiciones católicas de origen
español de los hondureños, no son ajenas a
la ciudad.
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