Para el comienzo de los años setenta, una nueva generación
posterior a la de estos cuatro maestros se encontraba emplazada dentro del
arte colombiano con firmeza propia. Algunas figuras comenzaban asimismo
a tener relevancia internacional, como por ejemplo el pintor y dibujante
bogotano Luis Caballero.
Puede aseverarse sin ligereza que dicha generación, como las que
surgieron posteriormente, no habrían podido afianzarse sin la existencia
de quienes son sujetos de esta muestra, disfrutar del clima de libertad
artística que existe hoy, entre otros medios, en la enzeñanza
impartida en las instituciones artísticas colombianas, o gozar del
favor de diferentes sectores del público cuya modificación
del gusto está estrechamente ligada a la obra pionera de estos cuatro
artistas. Asimismo, el éxito de algunos, como profesionales, no habría
sido tan permanente si el camino que desbrozaron Alejandro Obregón,
Enrique Grau, Edgar Negret y Eduardo Ramírez Villamizar no hubiera
quedado lo suficientemente despejado para que quienes les seguían
pudiesen marchar sin mayores obstáculos.
A pesar de la disimilitud de los trabajos y objetivos de los cuatro artistas
aquí considerados, ya se ha visto que no fue difícil para
ellos figurar conjuntamente en numerosas exposiciones, especialmente a nivel
internacional. Inclusive en Washington D.C., cuando durante los años
cincuenta la ciudad no contaba con el aire cosmopolita que al menos superficialmente
parece que impera en ella hoy día, era más frecuente que tuviesen
lugar exposiciones de arte contemporáneo de cierta significación
para el medio local. Tanto es así que, además del programa
sistemático de exposiciones de la Organización de los Estados
Americanos, instituciones como el Museo Corcoran, con la asesoría
obviamente de aquella, presentaron asimismo a Negret, Obregón y Ramírez
Villamizar en la muestra "From Latin America". El año fue
1957.
Sus obras representan realmente puntos de partida hacia otros ámbitos
del arte, que hicieron posible en gran parte la diversificación y
vitalidad que a pesar de muchos problemas en otros frentes mantiene el arte
colombiano.
Por ello Edgar Negret es Negret sea que se inspire en una kachina de
Norteamérica o en un diseño Inca; Villamizar lo es cuando
deriva su lenguaje de un Caracol precolombino Tairona, o una muralla en
Machu Pichu. Y un cóndor, un toro, una barracuda, y aun el retrato
de su hijo Mateo en El Pequeño Guerrero de Obregón,
se entenderá siempre como pintura y al mismo tiempo repertorio cultural,
en Colombia y fuera de ella. Junto con el humor extraño de Grau y
la exquisita factura técnica de sus mejores telas, la obra de estos
cuatro creadores se encuentra ya como parte de la historia artística
de Colombia, pero también tiene su lugar en la historia de las artes
del hemisferio.
Esta recurrencia en aparecer reunidos fue desapareciendo paulatinamente
con los años a medida que cada uno evolucionaba y adquirían
mayor personalidad sus trabajos. Debido a ello, el tenerlos juntos de nuevo
en esta exposición (la última tuvo lugar en 1985, en el Museo
de Arte Moderno de América Latina, de la OEA) convierte la ocasión
en un momento particular para el Centro Cultural de Banco Interamericano
de Desarrollo. Es especial también para Colombia, cuyas artes, en
todos los frentes, son las que continúan mostrando a nivel internacional
la verdadera sensibilidad de su pueblo.
Félix Angel
Curador
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