La geometría orgánica
La carrera de Edgar Negret, nacido asimismo en 1920 en la ciudad
de Popayán, ofrece un recorrido completamente diferente aunque igualmente
fascinante. A los 18 años, Negret asiste a la Escuela de Bellas Artes
de Cali, y en 1944 establece contacto en Popayán con el escultor
español Jorge de Oteiza, quien sería una influencia dominante
en el inicio de su carrera.
En 1950, y luego de participar activamente en la vida artística
de Bogotá, Negret expuso en Nueva York en la muestra "Sculpture
and Painting From Colombia", en The New School for Social Research,
en compañía de Grau y Ramírez Villamizar, pintor este
último con quien había comenzado a desarrollar una estrecha
amistad. Después de su visita a la metrópolis norteamericana
Negret se marchó a Europa, donde residiría sucesiva aunque
temporalmente en Barcelona, Mallorca y París.
Para 1955, el prestigio internacional de Negret se encontraba en ascenso.
Ello le permitió participar, además de otras exposiciones,
en "New Acquisitions" del Museo de Arte Moderno, en Nueva York.
Su carrera es una de las más distinguidas que haya podido tener
un escultor a nivel internacional. En su momento, en Nueva York, Negret
puedo asociarse con artistas norteamericanos que representan su contraparte,
como por ejemplo Louise Nevelson, Jack Youngerman y Ellsworth Kelly. Su
serie de "Aparatos Mágicos" expuestos por primera vez en
la Bienal de São Paulo de 1957 y luego en Bogotá al año
siguiente a la cual pertenece Mapa son un excelente ejemplo
de este período. Igualmente, Navegante Espacial y Torre
Metálica lo son de otro cuyo momento culminante es el reconocimiento
concedido a su trabajo en la XXXIV Bienal de Venecia, al adjudicársele
el premio David E. Bright de escultura.
La obra de Negret está llena de alusiones a la tecnología
de la postguerra, pero al mismo tiempo está cargada de una disgresión
inteligente que nos hace cuestionar la relevancia de nuestro presente y
las ansiedades del futuro. Como objetos, sus esculturas llevan a cuestionar
asimismo la obviedad del lugar que aquellos otros de necesidad obligada
merecen, o mejor dicho obligan a ocupar en nuestro espacio personal y en
el comunitario que debemos compartir, aunque no queramos, dentro del devenir
de la sobrevivencia diaria.
Ese cuestionamiento ha llevado a Negret, al igual que a Ramírez
Villamizar aunque en opuesta dirección, probablemente, a investigar
otros objetos productos de tecnologías milenarias, de las cuales
ha extraído su poesía y parte de su misterio, dotando a su
trabajo de un tono telúrico que no obstante sorprende por su intemporalidad.
Las obras de Negret se convierten finalmente en eso: aparatos mágicos
cuyo genio escondido, como en la antigua historia, se personifica solamente
cuando los frotamos con el tacto de nuestra humanidad para ayudarnos a convivir
más espiritualmente con la frialdad desalmada de la máquina,
la despersonalización de la producción en serie, la homogenización
de la sistematización formal, hechos irremediables con los que el
hombre común debe confrontarse e idealmente convivir en armonía,
tratando contradictoriamente de elevar su nivel de espiritualidad. |